LAS METAMORFOSIS
LAS METAMORFOSIS Alguna vez, paseando por los Bosques de Palermo o por el Parque Sarmiento de la docta Ciudad de Córdoba, has visto -por casualidad- esas diminutas ofrendas, tan graciosas, a la vera de las aceras, ríos plenos de impaciente humanidad. Has visto, digo, esos diminutos plastos, y no tanto, de caniche; inclusive de mamíferos u homínidos corrientes, aves, reptiles y demás criaturas. Las mismas suelen soltar sus zurullos para gratificación de la Madre Naturaleza, aunque compulso: ¿has visto, alguna vez, esos despojos tornarse flor, hada madrina o tango? Jamás he visto. En todo caso se pueblan de insectos y de sus descendientes, los nobles parásitos; en el mejor de los casos se descomponen en álgebras irreconocibles, orgánicas, antes de confundirse con la tierra. Pero, ¿has visto volverse sol, luna, astro, noble emperador o generoso estafador la carroña? No, nunca he visto. Ningún sorete se vuelve buena persona. N.B. Ilustra mis movimientos.