Por un momento me olvidé de las deudas y empecé a leer, pensó en el mismo instante en que levantó la vista de la pantalla de litio. -Las pantallas de litio no existían en ese momento, pero no es improbable que existan en el futuro.- Había cenado con su madre? Había soñado con su abuela muerta? Qué importa, ya nada tenía sentido más que el alivio temporal de ese estrés post traumático que es vivir con deudas todo el tiempo. Siempre el dilema era: comer o pagar el alquiler. Ya no se trataba de lujos, gustos y esas cosas raras. Era comer, vivir, sobrevivir todo el tiempo. Sin embargo, se debía evitar el dramatismo. Era de mal gusto. Y, además, nuestros enemigos no lo usarían a nuestro favor. En fin, estábamos jugados, como decía el poeta sanjuanino. Jugados. Hasta las pelotas. Ese era el ánimo general. La gente ya estaba cansada e hinchada las pelotas de vivir siempre así y sin ninguna esperanza ni perspectiva de cambio o alivio. Yo tampoco lo podía creer. Esta no era la “tierra p...