JE JE NES

JEJENES


Tenía intereses tan diversos como el día.

Sus veladuras, sus velámenes, sus vejámenes, sus jejenes.

Añoraba, sí. Copulaba, no.


Era central, como el río, como Rosario Central.

Era popular, como sus fantasmas.

Era fantástico también, como la cultura pop.


A veces dormía, a veces soñaba 

con cuervos que le arrancaban los ojos.


Era todo una decapitación frontal.

Una búsqueda de su propio discurso, 

a la deriva de las oleadas mundiales.


-Mundiales de fútbol,

mundialistas.-


Compartía con ella poesía

y fluidos

como en las buenas épocas

del tango.


Los jejenes sonreían pícaros

ante la insistencia

de la piedad.


Mordían en las sombras, en la oscuridad, en la humedad.

Donde nadie puede defenderse.


No era amor, era simplemente frío. 


Qué confundido que estás, se decía a sí mismo

en una muestra de lucidez poco reconocida.


Quiso una vez intentar

y fue kafkiano su intento.


Yo sabía que te iba a necesitar.


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