"Hay que defender el laburo de todos" Lucrecia Martel en el V Festival de Cine Monumental Sierras Alta Gracia

 


"Hay que defender el laburo de todos"

Lucrecia Martel presentó “Nuestra Tierra”, 

en el V Festival de Cine Monumental Sierras Alta Gracia 

El paso de Lucrecia Martel por el Festival Monumental Sierras de Cine y Artes Audiovisuales en Alta Gracia fue el broche de oro de su recorrida provincial, donde recibió el título de Doctora Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) el pasado viernes 14 de agosto de 2026. 

El sábado 15 de agosto de 2026, la realizadora se consolidó como la invitada de honor de la quinta edición del festival, convocando a una multitud que desbordó las instalaciones locales.

Nuestra Tierra (en peligro, como casi siempre)

-Crónica de un ángel gris-

Como cualquier hijo de vecino, el sábado 15 de agosto, me dirigí al Cine Teatro Monumental Sierras de Alta Gracia a ver una de Lucrecia Martel. Muchas razones refrendaron mi decisión. Me gusta el cine de Lucrecia Martel, las opiniones de Lucrecia Martel, inclusive me vi todas sus películas a medida que se iban estrenando, aunque no como un gesto solitario, sino más bien como un ritual familiar.

Un día vimos La Ciénaga y nos sorprendió gratamente; otro día fuimos a ver La Niña Santa y fue una revelación; otro día vino Zama y tuvimos que admitir que Lucrecia Martel se supera con cada nuevo film.

Después llegaron los comentarios de la gente.Toda una artista de culto. El mito viviente. ¡Cuando vi la publicidad que anunciaba su llegada a este rincón del mundo! Oh, era como una imperdible oportunidad para quedar bien con uno mismo, de modo que envié el correo de acreditación y, por supuesto, me quedé afuera muy rápidamente. Las localidades estaban agotadas. -Suele pasar, con las cosas buenas y gratuitas.-

No me di por vencido: Queda en lista de espera, decía el correo. 

Usted puede llegarse a la puerta y será debidamente humillado como en los viejos tiempos. Mis amigxs más despiertos ingresaron por la puerta grande; nosotros esperamos bajo la lluvia para que todo fuera más cinematográfico todavía.


¡Exultante jornada cinéfila!

Hace añares que la gente no asistía, no digo a los cineclubes sino a las mismas salas comerciales donde las tanques de Hollywood se multiplican vanamente. 

Por suerte, los cinéfilos del Valle, esos raros peinados nuevos, no pasaron de un millón de personas e hicieron las cosas bastante bien. Ingresaron 500 espectadores con entradas anticipadas, y otros 500 más lerdos y perezosos ingresamos también, aunque minutos después.

¿La gente haciendo largas filas bajo la lluvia para ver una película en el cine?

¿Una peli argentina? (¡Una peli argentina que no es de Francella!) Ya es un montón.

Por supuesto, el film no decepcionó. Incluso más: emocionó hasta a las rocas de las canteras que se ven desde la ruta 5. Emocionó a los zorritos suicidas que se arrojan de lado a lado de la flamante Autovía Calamuchita-Córdoba. Genial y desgarradora, de principio a fin. Lucrecia Martel tiene el hábito de redoblar las apuestas, políticas y estéticas. 


Uno cuando va a un baile de la Mona Jimenez ya espera ciertas cosas

En el caso de Lucrecia Martel, esperamos las epifanías, el realismo turbulento y surrealista, la poética, en fin: todo ese combo que reúne lo aparentemente más dispar del mundo. 

Pero esta vez, las cosas fueron mucho más lejos. No quiero spoilear, pero todo comienza como 2001, Odisea en el espacio, aunque con la Misa criolla de La Negra Sosa como si fuera la Novena de Beethoven. Sublime.

¿Documental, novela testimonial, non fiction, gauchesca o parodia de gauchesca, relato policial, cine de autor, road movie, teatro dentro del teatro… ?  Todas las cosas que están bien en el cine, pero todas juntas y entremezcladas con sabiduría. 

También hay contenido, de modo que el precio de la entrada ya se ha abonado solo, aunque en este caso la entrada era libre y gratuita como dijimos.

Los viejos temas esenciales, fundamentales y aburridos, escolares, sí, la vieja apuesta, la más difícil: volver a hablar de la tierra, y no de cualquier tierra, sino de nuestra tierra. El adjetivo no es inocente, es poderoso: equivale a decir: Nuestra América, como el ensayo de José Martí, como el poema de Rubén Darío.

El Territorio, escenario de todas nuestras tragedias. El desgarro fundamental, la herida siempre presente. Además, la santa niña no le achica a su Norte, a la patria de la Patria, y se va a Tucumán, a los pagos de Choromoro, Ancajuli y aledaños. Una historia vale como botón de muestra. Seguimos con los mismos dilemas y problemas desde hace 500 años, así de terrible. Somos todo eso: el verdugo y la víctima. El Inquisidor. El Estado y la bomba.

No solo la película es genial y desgarradora, sino que la charla con la realizadora fue épica. Todo el gigantesco auditorio de ese cine histórico colmado y las intervenciones de la directora no pudieron ser más atinadas. 


Ya no hay tiempo de lamentos, ya no hay más. Por otra parte, las sincronicidades abundan: escribo estas líneas un 17 de agosto, paso a la inmortalidad del Padre de la Patria, el Gral Don José de San Martín. Todavía están calientes las calles por las movilizaciones ante los recientes intentos de aprobar la ley de Extranjerización de la tierra, mal llamada ley de “Inviolabilidad de la Propiedad Privada”.

Los Gobernadores colaboracionistas tuvieron que dar marcha atrás ante las puebladas en todo el país y el Gobierno Nacional entregador no pudo hacer pasar esos artículos nefastos en el Congreso de la Nación. 

La ley involucra temas cruciales como la ley de financiamiento del fuego, los límites a la compra de tierras por parte del capital extranjero, desalojos “exprés” de comunidades originarias y de obreros en fábricas recuperadas, entre tantas otras delicadas y graves cuestiones vinculadas a la tierra, la soberanía y los recursos de la naturaleza. 

En unas Sierras de Córdoba donde los incendios intencionales se multiplican año tras año y donde los mega proyectos urbanísticos del Estado y el poder privado concentrado se imponen a los territorios inconsultos a fuerza de topadora, represión y judicialización de los vecinos, la película y las palabras de Lucrecia Martel tienen una resonancia particular. 

En medio de una crisis económica brutal que golpea a los más vulnerables -es decir, a los jubilados, a los jóvenes y a las infancias, a los desocupados y precarizados…- y ante un discurso de las burocracias sindicales y cúpulas que fomentan el desaliento, la desmoralización y la parálisis, Lucrecia Martel sacudió el avispero simplemente apelando al sentido común.

 Puede parecer una obviedad, pero hoy este gesto puede ser lo más radical y revolucionario:

Hay que hacer con lo que tenemos, muchachxs- parecía decir. 

Las condiciones ideales no existen.


Sí, los estudiantes de cine están sin trabajo; pero casi todos están perdiendo sus empleos (en la medida que cierran las pequeñas y medianas empresas, despiden gente del sector público y privado, cierran fábricas, etc etc.) "Hay que defender el laburo de todos."


El panorama es sombrío y desolador. Sin embargo, a pesar de ello, nadie puede adivinar el futuro. (Y vano sería también.) Y ocurren estas magias pendulares. La gente se arrima a los cines en oleaje popular. Quieren ver la película y oír a su directora.  La gente se va re manija pensando en la tierra. “Nuestra tierra”. 

Charla, autógrafos, cine, libros y lo mejor de la cultura en tiempos violentos.

Todo lo demás lo llevamos en el corazón y pueden preguntar en las Sierras de Córdoba a los que allí estuvieron... Y aquí acabo mi relación, porque: ¿quién dijo que la vida se puede transmitir con imágenes, palabras y sonidos?




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