ANARQUISTAS


La gente es mucho más anarquista de lo que piensa...

Cuando, por ejemplo, condena la burocracia del Estado o de los servicios públicos. O cuando dice que no cree en los políticos. Esas son actitudes típicamente anarquistas. Sin embargo, la mayoría no es muy consciente de eso. Un anarquista también preferiría un mínimo de Estado y descree de los políticos profesionales.
En suma, la gente descree del sistema. (Es decir, no cree en “el Capitalismo de Estado”.  Y eso no significa que por ello deba adherir a "el Socialismo de Estado".)
Los anarquistas son socialistas libertarios pero no adhieren  al "Socialismo de Estado” necesariamente. De hecho, desconfían de cualquier cosa que no sea la participación directa.
La excesiva intervención estatal en la vida de la comunidad es odiosa en sí misma, cualquier persona puede coincidir con esa idea sin esfuerzo.
Sin embargo, la propaganda norteamericana se apropió de esa tradición de honda raíz iluminista y la tergiversó para defender el capitalismo más salvaje.
De hecho, naturalizó el concepto inverso: criticar el sistema es adherir al Comunismo (y al terrorismo.) Si se observa bien, se trata de una típica estrategia totalitaria de adoctrinamiento.
Tal fraude ha calado tan hondo en nuestra cultura que la gente común se anima a criticar el intervencionismo estatal y a toda la clase política inclusive, pero tiene miedo de criticar su contracara necesaria: eso que la retórica liberal llama "la libre empresa", es decir: la religión del beneficio y la ganancia, el mercantilismo y el sector financiero. 
La gente tiene miedo de criticar a los empresarios y a las corporaciones por temor a ser tildado de "comunista"(o cualquiera de sus topónimos: antipatriota, montonero, hippie, salvaje unitario... La lista comprende las posibilidades de la imaginación humana.) 

Todo el mundo sabe que la palabra anarquía está demonizada por la retórica política liberal; sin embargo… ¿Acaso no son los monopolios de las democracias capitalistas realmente existentes la verdadera anarquía, el atropello absoluto de los derechos humanos más elementales? Pero de eso no se habla en la prensa de las familias todopoderosas de nuestra América Latina.



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