FÁBULA TRISTE DEL ORANGUTÁN Y LAS MARIPOSAS



FÁBULA TRISTE DEL ORANGUTÁN Y LAS MARIPOSAS


Había una vez un mono
que se enamoró de las mariposas.

A ese mono lo llamaron: 
O-
ran-
gu-
tán.

El Orangután estaba tan maravillado con las mariposas
como el resto de los primates, pero 

el Orangután había aprendido a acercarse a ellas
e incluso había llegado a sostener varias con una sola mano.

El resto de los simios
si llegaba a relacionarse con alguna mariposa
era solo para destruirla 
accidentalmente.


La fascinación por la belleza
tornasolada de las alas

-la locura por las infinitas variaciones
de las líneas y transparencias-

en fin,
la devoción por su delicadeza

(tan opuesta a la del gorila)
desgraciaba a los mandriles.


El Orangután
no era la excepción, sin embargo 

con el tiempo había aprendido 
que no tenía ningún sentido sufrir
por todas las candilejas del aire,

y mucho menos enamorarse perdidamente 
por  compartir instantes, aunque imborrables,
siempre abreviados.


El Orangután, al cabo de indecibles proezas, lograba 
por fin encantarlas, pero luego su pasión se encendía 
al extremo de no poder ya olvidar  
a esas preciosas criaturas del cielo.


El Orangután (que, a diferencia de la mayoría, 
podía contemplar la hermosura de cerca)

sufría a causa de su malogrado talento
mucho más que aquellos
que tanta envidia o aprecio le tenían.


El Orangután llegó a maldecir su destino
y muchas veces deseó ser un homínido corriente,

tan torpe y dañino como cualquiera,

a cambio de un poco de paz
y de unas horas de sueño.




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